Incorporar el café a la rutina diaria, en cantidades adecuadas y sin endulzarlo, podría estar vinculado a una reducción en las probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares, de acuerdo con las investigaciones más actualizadas.
Así lo explica la Dra. Diana Díaz Rizzolo, experta en Biomedicina y Medicina Traslacional, miembro activo del Grupo de Estilos de Vida de la Sociedad Española de Diabetes (SED) e investigadora en la prestigiosa Universidad de Columbia en Nueva York.
¿Qué hace especial al café?
El grano de café es rico en sustancias bioactivas, destacando la cafeína, junto con antioxidantes y polifenoles. Estos componentes tienen la capacidad de intervenir en funciones corporales clave como la regulación de la presión arterial, los procesos inflamatorios y la forma en que el cuerpo gestiona la energía.
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La cafeína se absorbe con rapidez en el organismo, alcanzando su nivel máximo en el torrente sanguíneo aproximadamente 15 minutos después de su consumo. Su vida media en adultos suele oscilar entre 2,5 y 4,5 horas, aunque este periodo puede variar por factores como el hábito de fumar o el uso de anticonceptivos orales.
Entre sus efectos a corto plazo se encuentran una mayor sensación de vigilia y un aporte de energía. No obstante, si se consume en exceso, puede desencadenar efectos no deseados como nerviosismo, alteraciones del sueño o palpitaciones.
La dosis diaria recomendada: Entre 3 y 5 tazas
La Sociedad Española de Diabetes, basándose en múltiples análisis científicos, señala que el consumo de entre 3 y 5 tazas de café al día (lo que equivale a un máximo de 400 miligramos de cafeína) se relaciona con efectos positivos para la salud. La condición indispensable es tomarlo sin azúcar y optar por métodos de preparación que no añadan grasas innecesarias a la bebida.
Su papel en la prevención de la diabetes tipo 2
Diversos estudios han observado que los consumidores habituales de café tienen una incidencia menor de diabetes tipo 2. Este efecto protector no se atribuye únicamente a la cafeína, sino al conjunto de fitoquímicos y antioxidantes presentes en el grano, que ayudarían a mantener la funcionalidad de las células beta del páncreas, responsables de producir insulina.
La Dra. Díaz Rizzolo destaca que la relación es directamente proporcional a la cantidad consumida: a mayor ingesta habitual (dentro de los límites saludables), mayor es el efecto protector observado. Parte de este beneficio podría explicarse porque la cafeína aumenta la sensación de saciedad y acelera el metabolismo, lo que favorece el control del peso, un pilar fundamental en la prevención de esta enfermedad.
Sin embargo, la especialista advierte sobre un efecto paradójico a corto plazo. Justo después de beber café, se puede producir una disminución temporal de la sensibilidad a la insulina, dificultando que el músculo almacene glucosa. Este impacto agudo tiende a desaparecer en quienes consumen café a diario, ya que el cuerpo desarrolla tolerancia, mitigando así el efecto negativo sobre el metabolismo del azúcar.
Riesgo cardiovascular: ¿Amigo o enemigo?
La relación entre el café y el corazón ha sido objeto de debate durante años. La SED aclara que, en individuos no habituados, una dosis puntual de cafeína puede provocar un aumento pasajero de la tensión arterial. Curiosamente, esta respuesta no se ha observado de forma consistente en estudios que utilizan café en lugar de cafeína pura, ni siquiera en personas con hipertensión.
Un punto crítico a tener en cuenta es el método de filtrado. El café contiene un lípido natural llamado cafestol, que tiene la capacidad de aumentar los niveles de colesterol LDL (el conocido como "malo"), elevando el riesgo cardiovascular.
Las concentraciones de cafestol son muy elevadas en cafés que no utilizan filtro de papel, como el café turco o el preparado en prensa francesa. Por el contrario, estas sustancias quedan retenidas en el filtro de papel, por lo que el café filtrado, de percolador o el instantáneo son opciones mucho más seguras para la salud cardiovascular a largo plazo.
Beneficios para quienes ya viven con diabetes
Un metaanálisis reciente, que recopiló información de más de 80.000 personas con diabetes tipo 2, reveló que aquellos que bebían hasta 4 tazas diarias de café mostraban una tasa de mortalidad más baja, tanto por causas generales como por enfermedades cardiovasculares y eventos coronarios concretos.
El trabajo, referenciado por la Sociedad Española de Diabetes, subraya que esta ventaja se mantiene incluso después de ajustar los datos por otros factores de riesgo, como el tabaquismo.
El enemigo silencioso: El azúcar
Finalmente, los expertos insisten en que todos estos beneficios pueden arruinarse fácilmente con un mal hábito: endulzar el café. Añadir dos cucharaditas de azúcar por taza puede suponer un consumo de hasta 50 gramos de azúcar al día si se toman las 5 tazas recomendadas. Esta cantidad supera ampliamente los límites aconsejados tanto para la población general como, especialmente, para las personas con diabetes, contrarrestando por completo el efecto positivo de la bebida.
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